Septiembre: SOMOS ENCUENTRO

Como educadores marianistas no nos resulta ajeno pensar en el primer encuentro del curso: preparar el aula, los materiales, las clases, las múltiples tareas que hacemos para reencontrarnos con nuestros alumnos.

En ese encuentro es sencillo situarnos en el papel del que recibe. Acogemos en nuestra casa que es el colegio. Preparamos atareados, como Marta, las fotocopias, decoraciones, programaciones…

Marta, entre tanto, se afanaba en diversos quehaceres. El Señor le respondió: “Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria.”. (Lc 10)

El educador marianista acoge, además, y fundamentalmente desde su corazón, la casa donde reside la totalidad de su inteligencia, fortaleza y voluntad. ¿Cómo preparamos nuestra casa interior para este primer encuentro? También debemos dedicar tiempo y cariño a preparar ese espacio, que acogerá a los alumnos que Dios nos ha encomendado. Preparar la escucha, la paciencia, la ternura, la firmeza y también el buen humor. Prepararnos para acoger a nuestros compañeros, a las familias que hay detrás de cada pupitre. Abrirnos al encuentro con el otro es primer anuncio. ¿Somo buenos hospederos?

En este encuentro también somos nosotros los que llegamos. A veces estamos nerviosos ante lo nuevo. Queremos cuidar, y sentirnos cuidados, y no siempre sabemos hacerlo. Entramos para encontrarnos con otros en su casa, unas veces con regalos y otras con zapatos sucios de barro. ¿Estamos preparados para entrar en la casa del otro, en el corazón de cada persona? ¿Somos buenos huéspedes?

Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre:

«Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.»

Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa. (Jn 19, 25-27)

Acoger, es tarea y misión marianista. Somos encuentro: comunidades que acogen y se dan; personas que reciben cobijo, y personas que son acogidas por otros.

Somos marianistas. Somos encuentro de corazones. María, que abrió la puerta de su casa a Dios mismo y se dejó hospedar, fue huésped y hospedera y en ese encuentro nos llegó la salvación. Sigamos su ejemplo.

Noelia de la Red. Profesora y Directora de Secundaria. Colegio Hermanos Amorós (Madrid)



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